Células dendríticas

Células dendríticas | Ali Roghanian, Facultad de Medicina, Universidad de Southampton, Reino Unido
Traducción: Jesús Gil, Würzburg, DE (SEI)

Las células dendríticas (DCs, por sus siglas en inglés), nombradas así por la forma que presentan bajo el microscopio, son las responsables de iniciar las respuestas adaptativas y, por tanto, funcionan como “centinelas” del sistema inmunitario. Paul Langerhans fue el primero en describir su existencia en la piel humana, ya en 1868, aunque inicialmente pensó que se trataban de células nerviosas cutáneas. Las DCs son leucocitos derivados de la médula ósea y una de las células presentadoras de antígeno (CPAs) más potentes. Pueden cultivarse y expandirse in vitro a partir de médula ósea y sangre utilizando una combinación de diversos factores de crecimiento, como el factor de estimulación de colonias granulocito-macrófago (GM-CSF) y el ligando Flt3. Están especializadas en capturar y procesar el antígeno, convirtiendo las proteínas en péptidos que podrán ser presentados en el complejo principal de histocompatibilidad (o CMH) y ser reconocidos por los linfocitos T. Existen muchos tipos diferentes de células dendríticas, por ejemplo las DCs mieloides y plasmacitoides. Aunque todas comparten la características de captar antígeno, procesarlo y presentarlo a células T naïve, se diferencian en la expresión de marcadores superficiales, localización, rutas de señalización, funciones inmunológicas especializadas y en el estímulo para su generación. Durante el desarrollo de la respuesta inmunitaria adaptativa, el fenotipo y función de las DCs juega un papel clave en la iniciación de tolerancia, memoria y diferenciación hacia fenotipos Th1, Th2 o Th17.

Las DCs sirven de puente entre la inmunidad innata y adaptativa

Debido a que las DCs tienen una alta actividad citoplasmática, cuentan con una gran superficie que les permite un contacto íntimo con un gran número de células a su alrededor, como por ejemplo células T, células asesinas naturales (o NKs), neutrófilos o células epiteliales, entre otras. Por ejemplo, experimentalmente, se requiere solo una célula DC madura (mDC) para estimular entre 100 y 3000 células T. Los precursores de células dendríticas migran desde la médula ósea hacia el torrente sanguíneo y, desde allí, hacia cualquier tejido no-linfoide, donde residen como células inmaduras (iDCs) y “rastrean” su ambiente mediante procesos de endocitosis, macropinocitosis y fagocitosis. Son también capaces de penetrar entre los estrechos espacios del epitelio para capturar antígeno, aún incluso cuando no existe inflamación o infección, procesos que suelen aumentar el espacio entre células. Durante los procesos infecciosos, las iDCs residentes detectan a los intrusos mediante los receptores de reconocimiento de patrón (RRPs), captan el antígeno y rápidamente abandonan el tejido. Se escurren entre las células, cruzan el endotelio de los vasos linfáticos y migran hacia los nódulos linfáticos de drenaje en respuesta a un gran número de quimiocinas, como CCL19 y CCL21. Durante el proceso de migración de los tejidos periféricos, sufren un proceso de maduración fenotípico y funcional. Lo más destacado es el incremento de la expresión de moléculas de coestimulación como CD80 y CD86 y del receptor de quimiocionas CCR7, además de secretar citocinas proinflamatorias como TNF-α e IL-12. Cuando llegan al seno subcapsular de los nódulos linfáticos, se mueven hacia las zonas de células T, donde se desarrolla el proceso de presentación antigénica.
6. Dendritic cells_Figure 1

Figura 1. Morfología de las células dendríticas. Izquierda: Célula dendrítica de la médula ósea activada por LPS. Derecha: Células dendríticas múridas de pulmón con fenotipo CD11c+ y MHCII+.

Inmunoterapia con células dendríticas

Explotar la capacidad inmunoregulatoria de las células dendríticas podría tener un gran beneficio en el tratamiento del cáncer, enfermedades autoinmunes y en la prevención del rechazo tras trasplantes. La manipulación de las DCs podría convertirlas en el adyuvante más efectivo para incrementar las defensas inmunitarias del huésped. En el caso del cáncer, los tumores han demostrado suprimir a las DCs mediante la secreción de citocinas antiinflamatorias como la IL10, lo que favorece a su vez la supresión de la actividad de las células T. Para revertir estos mecanismos, las DCs pueden ser generadas ex vivo, “cargadas” con antígenos tumorales y reinyectadas en el paciente para estimular la respuesta inmunitaria frente a las células tumorales. Los tratamientos basados en esta estrategia son generalmente seguros y no presentan apenas efectos secundarios, por lo que se perfilan como alternativa posible y eficaz en algunos pacientes. Otras estrategias para el tratamiento de diversas patologías también han sido descritas y están siendo estudiadas en ensayos clínicos.

Revisión: Javier Rodríguez-Carrio, Oviedo, ES (SEI)
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