Anafilaxis

Anafilaxis | Tariq El-Shanawany, Hospital Universitario de Gales, Reino Unido
Traducción: Jesús Gil, Würzburg, DE (SEI)

La anafilaxis es un tipo de reacción de hipersensibilidad que puede poner en peligro la vida. Puede ser local o sistémica y afectar a las vías aéreas, la respiración o la circulación. En la actualidad no se puede saber si una persona con una inmunoglobulina E específica a un alérgeno presentará una reacción anafiláctica, si presentará solo una reacción local o no tendrá reacción alguna. Sin embargo, algunos factores, como bajos niveles del factor de activación de plaquetas acetil-hidrolasa y del enzima de conversión de angiotensina sérica, pueden incrementar, independientemente, el riesgo de un individuo alérgico a sufrir anafilaxis tras la exposición inicial.

Las reacciones alérgicas locales y sistémicas ocurren a través de mecanismos parecidos pero que difieren en la localización y la potencia. Debe recordarse que las reacciones alérgicas fatales también pueden ocurrir sin que exista un proceso anafiláctico. Por ejemplo, el angioedema que afecta al tracto respiratorio superior puede ser una reacción local letal, mientras que otras reacciones pueden producir la muerte por inhalación de vómito. Algunos medicamentos, como los antiinflamatorios no esteroideos (AINES) pueden empeorar las respuestas alérgicas incluyendo anafilaxis.

La anafilaxis ocurre como consecuencia de un amplio rango de mediadores liberados por la degranulación de los mastocitos y basófilos (Tabla 1). Muchos de ellos están preformados y almacenados en los gránulos, mientras que otros se producen de novo tras la activación de estas células. La degranulación puede ser mediada por entrecruzamiento de IgE unidas a receptores de membrana de alta afinidad para IgE (FcεRI) u otros mecanismos no relacionados con IgE. La distinción entre estos mecanismos puede ser muy importante a la hora de establecer un diagnóstico, pero la presentación clínica y el tratamiento médico es similar.

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Tabla 1. Ejemplo de mediadores liberados durante los procesos de anafilaxis.

La presentación clínica de la anafilaxis es variable y puede afectar a distintos órganos. La piel puede presentar picores (prurito), ronchas (urticaria) e inflamación (angioedema). Pueden sentirse nauseas, dolor abdominal, vómitos y/o diarreas. La inflamación puede aparecer en los labios, lengua, garganta o el tracto respiratorio superior lo que puede manifestarse en dificultades de deglución (disfagia), en el habla (disfonía) o para respirar (con estridor y/o asfixia). Los pulmones pueden verse afectados y aparecer tos, estornudos y broncoespamos con una caída brusca en el flujo de expiración. Los eventos cardiovasculares incluyen dolor pectoral, hipotensión y desmayos (síncope).

El tratamiento contra la anafilaxis es urgente e involucra la administración de adrenalina (estandar). Otros tratamientos incluyen el uso de antihistamínicos intravenosos y esteroides, pero estos no deben retrasar el uso del medicamento estándar. Los autoinyectores de adrenalina están prescritos para pacientes con un alto riesgo de anafilaxis, por lo que éstos son capaces de administrase adrelina en caso de emergencia (Figura 1). Después de sobrevivir a un episodio de anafilaxis, es importante que el paciente recurra a un médico especialista en Inmunología o Alergia Clínica para identificar las causas y, por tanto, reducir el riesgo de futuras reacciones, enseñando al paciente a manejar las situaciones para futuros episodios.
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Figura 1. Ejemplo de un autoinyector de adrenalina.
Revisión: Carlos Parga, Universidad del Sinú, Colombia (SEI)

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