Inmunidad en la cavidad oral

Inmunidad en la cavidad oral | ohn Taylor, Universidad de Newcastle, Reino Unido
Traducción: Jesús Gil, Würzburg, DE (SEI)

La cavidad oral es una estructura anatómica única, caracterizada por la yuxtaposición de tejidos blandos y duros y que se encuentra en contacto con agentes externos y extraños. Las enfermedades y desórdenes causados por los microorganismos de la cavidad oral son muy comunes y económicamente importantes, como por ejemplo las caries dentales (pérdida de la integridad del diente causada por ácidos orgánicos derivados de bacterias) y periodontitis (“piorrea”, una inflamación crónica de carácter destructivo de los tejidos de soporte del diente causada por bacterias anaerobias). También, la halitosis (mal olor) está causada por bacterias productoras de sulfatos. Las patologías orales secundarias a enfermedades sistémicas, por ejemplo la candidiasis oral, debido a inmunodeficiencias adquiridas, son también importantes desde un punto de vista clínico. Además, un número de enfermedades autoinmunitarias como el síndrome de Sjögren o el penfigoide ampolloso tienen manifestaciones en la cavidad oral.

La boca cuenta con una gran cantidad de glándulas salivales que generan la saliva, un componente clave del huésped para defenderse frente a las infecciones. Por ello, los pacientes con xerostomía (“boca seca”) tienen más placa dental y un riesgo incrementado de periodontitis y candidiasis. La saliva contiene muchos elementos moleculares que restringen el crecimiento microbiano; por ejemplo, la lisozima destruye las paredes bacterianas, la lactoferrina acumula iones de hierro, esenciales para la nutrición microbiana, y la nistatina inhibe el crecimiento de Candida albicans y Streptococcus mutans (siendo el último un agente etiológico de la caries dental). Aunque estos elementos podrían ser considerados como parte de la inmunidad innata, la IgA de la saliva es parte de la respuesta adaptativa. Ésta funciona agregando bacterias como S. mutans y previene la formación de placa dental, una biopelícula de la superficie expuesta del diente que funciona como un ecosistema ideal para los patógenos.

Las amígdalas son tejidos inmunes localizados en la parte posterior de la boca. Comprenden las amígdalas palatinas, linguales y tubáricas, así como las adenoides (en la faringe) y forman una colección de tejido linfoide justo por debajo del epitelio. En conjunto, forman un anillo de tejido linfoide conocido como el anillo de Waldeyer, el cual sirve para proteger la entrada de la faringe. Las amígdalas suelen ser un sitio de infección bacteriana, probablemente debido a que las zonas donde aparecen suelen ser donde se acumulan los restos. Además, se puede originar una inflamación recurrente crónica y agrandamiento de las amígdalas conocida como amigdalitis.

La anatomía y microanatomía de los tejidos que rodean y dan soporte al diente (aparato periodontal) es complejo y susceptible a las inflamaciones crónicas y aguas causadas por las bacterias que se acumulan en el espacio entre el diente y la encía (el surco gingival). Por suerte, el aparato periodontal presenta un número de elementos de defensa como el epitelio gingival que previene la adhesión bacteriana mediante la liberación continua de queratinocitos en la cavidad oral (“regeneración celular”) y protege frente a la invasión gracias a la presencia de un componente importantes de queratina (a diferencia de otros tejidos de la mucosa oral y gastrointestinal). El tejido conectivo del aparato periodontal está muy vascularizado, lo que favorece la emigración leucocitaria en respuesta a la infección y los surcos gingivales están recubiertos de un exudado sérico (fluido gingival clevicular, GCF). El último lleva todos los componentes moleculares importantes (complemento, anticuerpos) y celulares (neutrófilos y células plasmáticas) de la respuesta inmunitaria necesarios para prevenir la invasión del tejido. La inflamación crónica y destructiva que se manifiesta clínicamente como periodontitis está causada por una excesiva e inapropiada respuesta a las bacterias que forman la placa, junto con un fallo en los procesos normales de limitación de la inflamación y reparación del tejido.
El interés en la inmunología de la cavidad oral ha recibido atención en los últimos años tras reconocerse una relación entre la periodontitis y enfermedades sistémicas con componentes inflamatorios (en particular, diabetes). Además, la saliva mezclada con GCF, es una fuente importante y no invasiva de biomarcadores de enfermedad, como citocinas, enzimas destructoras y microorganismos patógenos, así como para extraer DNA en estudios de asociación genética y farmacogenómica.

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