Nódulos linfáticos

Nódulos linfáticos | Simon Milling, Universidad de Glasgow, Reino Unido
Traducción: Jesús Gil, Würzburg, DE (SEI)

Para el correcto funcionamiento del sistema inmunitario, existe una gran variedad de tejidos especializados. Un ejemplo son los nódulos linfáticos, que proporcionan el ambiente ideal para la comunicación entre las diferentes células inmunes, y a su vez necesario para la adecuada activación de las células T y B en la defensa frente a los patógenos. Para llevar a cabo sus funciones, los nódulos linfáticos cuentan con una serie de características:

Localización

Los nódulos linfáticos se encuentran localizados estratégicamente en aquellas zonas donde más acceso tienen a las señales inmunológicas. El número total de nódulos linfáticos no se conoce, pero puede haber cientos. Cada uno de ellos cuenta con vasos linfáticos y sanguíneos, lo que permite que los linfocitos entren y salgan fácilmente. Están rodeados de una cápsula dura compuesta por depósitos de grasas especializadas que les confiere una buena protección física.

Estructura

Cada nódulo linfático mide aproximadamente unos 20mm de diámetro, y está dividido en compartimentos que posibilitan la comunicación entre linfocitos. La capa externa (corteza) contiene áreas de células B, o folículos. La capa media (paracortex) está poblada por células dendríticas y linfocitos T (Figura 1). En esta capa también hay vasos sanguíneos especializados (vénulas del endotelio alto, VEA), a través de las cuales los linfocitos B y T entran al nódulo linfático. Los vasos linfáticos entran a los nódulos por la capa más externa, entre la cápsula y la corteza, pero pueden penetrar más profundamente a través de conductos. Los linfocitos dejan los nódulos a través de los vasos “eferentes”, que están localizados en la región medular. Todas estas estructuras se mantienen gracias a una red de células no linfoides que también influyen de forma activa en la respuesta inmunitaria

7. Lymph node_Figure 1
Figura 1. Corte de un nódulo linfático en el que se pueden ver las densas áreas de linfocitos T (púrpura).
El movimiento dentro de los nódulos está coordinado

Como se mencionó, las células T entran en los nódulos a través de las VEH, migran hacia las áreas de células T interaccionando con un gran número de células dendríticas, y abandonan el nódulo a través de los vasos linfáticos eferentes. Por su parte, los linfocitos B entran de la misma forma, pasando a través de las áreas de células T hasta llegar a los folículos para finalmente dejar el nódulo y volver a la circulación. Estos patrones de migración permiten que las células dendríticas y los linfocitos T y B interaccionen. Estudios recientes sugieren que todas estas células podrían desplazarse a través de una red de fibras microscópicas, incrementándose las posibilidades de interacción.

Respondiendo a las nuevas infecciones

Los nódulos linfáticos son muy importantes en la respuesta frente a patógenos, especialmente cuando es la primera vez que éstos entran en el organismo. Las proteínas de los patógenos pueden llegar a los nódulos linfáticos a través de la circulación, donde serán captados por células dendríticas, o bien a través de células dendríticas que previamente las han fagocitado. De esta forma, los fragmentos resultantes serán “presentados” a las células T. La continua interacción entre ambas células asegura que los linfocitos T puedan reconocer rápidamente a los invasores. Las células T que han reconocido los fragmentos proteicos comenzarán a dividirse y a generar una respuesta inmunitaria frente al patógeno. Alguna de las células hijas que provienen de la división de los linfocitos T, viajarán a los folículos donde se encuentran las células B, promoviendo su división y maduración, lo que permite la producción de anticuerpos, esenciales en la lucha contra muchas infecciones.

Revisión: Goitzane Marcaida, Bilbao, ES (SEI)

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