Correceptores en el sistema inmunitario

Correceptores en el sistema inmunitario | Anne Astier, Universidad de Edimburgo, Reino Unido
Traducción: Jesús Gil, Würzburg, DE (SEI)

La activación de células especializadas de la respuesta adaptativa (células B y T) está controlada principalmente por el receptor específico de antígeno, pero también por correceptores.

Correceptores de célula T

Para activarse completamente y poder responder a los intrusos o células dañadas, las células T naïve (que no han contactado con el antígeno) necesitan activarse a través de dos señales. La primera proviene del receptor de célula T (TCR). Debido a que éste reconoce solo una pequeña porción del antígeno (llamado péptido), esto asegura la especificidad de la respuesta: sólo las células T que reconocen ese antígeno serán activadas. La segunda señal (llamada señal 2 o señal de coestimulación) viene a través de una molécula de coestimulación. La mejor caracterizada es CD28, entre otras (veáse ICOS, OX40, CD46…). Si no reciben esta segunda señal, las células T no pueden responder, convirtiéndose en células anérgicas o muriendo. La mayoría de los ligandos para estas moléculas de coestimulación se inducen mediante la activación/maduración de las células que presentan el antígeno a las células T (llamadas células presentadoras de antígeno, o APC). Cuando las APCs “ven” el antígeno, lo procesan en pequeños péptidos y lo presentan en moléculas MHC para activar a los linfocitos, pueden también incrementar la expresión de las moléculas de coestimulación, lo que permitirá activar específicamente a las células T. Por ejemplo, los ligandos de CD28 (B7-1 y B7-2, también llamados CD80 y CD86) están inducidos en APCs y permiten la activación de CD28, presente en los linfocitos T.

Sin embargo, uno no querría una activación continua, por lo que existe otro repertorio de correceptores con función inhibitoria. Son los llamados receptores de coinhibición, y se incluyen CTLA-4 y PD-1. Estas moléculas solo se expresan en células T que han sido previamente activadas. Su estimulación promueve inhibición, y por lo tanto, ayuda a equilibrar la respuesta inmunitaria. De hecho, los defectos en estos receptores de coinhibición conllevan a respuestas inmunitarias aberrantes, como fenómenos linfoproliferativos y autoinmunidad.

El papel de los receptores de coestimulación y coinhibición en la activación de células T se ilustra en la Figura 1.

2. Co-receptors - function (Correceptores en el sistema inmunitario)_Figure 1
Figura 1. La activación de las células T está controlada por receptores de coestimulación y coinhibición. La respuesta adaptativa empieza cuando una célula presentadora de antígeno (APC) reconoce una señal de peligro (virus, bacterias, tejido dañado…). Esto induce su maduración, el procesamiento del antígeno en pequeños péptidos que serán presentados en un complejo de MHC, y la inducción de ligandos de moléculas coestimuladoras (paso 1). Esto permite el reconocimiento del péptido por parte del TCR y su activación por moléculas de coestimulación. Como resultado, la célula T prolifera y se activa completamente (paso 2). Las células T activadas expresan entonces receptores de coinhibición (CTLA-4, PD-1) (paso 3), lo que finaliza la respuesta (paso 4).
Correceptores de célula B

El receptor de célula B específico (BCR, una molécula inmunoglobulina anclada en la membrana de las células B) reconoce el antígeno en su forma nativa, al contrario de los péptidos antigénicos reconocidos por el TCR. La coestimulación de los linfocitos B se consigue a través de CD40, cuyo ligando se expresa en las células T. Debido a que las células B pueden también presentar péptidos a los linfocitos T, existe un diálogo entre ambas células, lo que permite la proliferación y óptima activación de las primeras, permitiendo su diferenciación en plasmocitos (o células plasmáticas), células B maduras productoras de anticuerpos de alta afinidad frente al antígeno original.

Revisión: Carmen Calabia, Madrid, ES (SEI)

© Los derechos de este documento corresponden a su autor.